No son tiempos fáciles para el lenguaje.
El apuro, la falta de lectura o, peor aún, el desdén, conspiran contra la palabra pensada.
Más allá de cuestiones estéticas, que no me parecen de menor importancia pero a las que estoy dispuesto a defender en otros momentos y lugares, creo advertir que detrás de la degradación del lenguaje se esconde un monstruo horrible: la pérdida de libertad.
Quien habla mal, es decir quien desconoce significados, confunde conceptos o directamente ignora la existencia de las palabras, ve fuertemente limitada su capacidad de pensar. Porque los seres humanos pensamos con palabras. Y si las desconocemos o confundimos, difícil nos resultará elaborar conceptos más o menos sofisticados.
La ausencia de palabras nos conduce inevitablemente a la pereza en el pensamiento. Y al acotar nuestras reflexiones, limitamos nuestras opciones. Simplemente porque no las vemos. No debemos perder de vista que SOLO PODEMOS VER EL MUNDO QUE SOMOS CAPACES DE NOMBRAR.
Con la capacidad de advertir oportunidades así disminuida, se nos achican las posibilidades de elección. Y con ello se disminuye nuestra libertad. El concepto Sarmientino de "educar al soberano (a la población)" cobra, entonces, relevancia y actualidad.
Alguna vez leí que, cuando sus discípulos le preguntaron por dónde comenzaría, si de gobernar un país se tratara; Confucio les respondió:
“Yo quisiera mejorar el lenguaje".
Asombrados, sus discípulos le dijeron que esa respuesta nada tenía que ver con su pregunta. ¿Qué significaba mejorar el lenguaje? Y entonces Confucio aclaró:
"Si el lenguaje carece de precisión, lo que se dice no es lo que se piensa. Si lo que se dice no es lo que se piensa, entonces no hay obras verdaderas. Y si no hay obras verdaderas, entonces no florecen el arte ni la moral. Si no florecen el arte y la moral, entonces no existe la justicia. Si no existe la justicia, entonces la nación no sabrá cuál es la ruta: será una nave en llamas y a la deriva. Por esto, no se permitan la arbitrariedad con las palabras. Si se tratara de gobernar una nación, lo más importante es la precisión del lenguaje"